En los inicios del 2000 aparecieron los primeros aventureros en cervezas para abrir el juego porteño a la oferta local en algunos bares de culto o en reductos para amantes de esta filosofía birrera.  En particular San Telmo y buena parte del casco histórico albergaron iniciativas de este tipo, derrame que fue creciendo cada vez en mas barrios de la ciudad.

Gustavo Elgert, fundador de la cervecería alemana Unterturkheim en la esquina de Tacuarí y Humberto Primo, fue uno de estos pioneros, mucho antes que los brew pub poblaran a un ritmo acelerado de casi un nuevo lugar cada dos días que abre en la ciudad, según nos cuenta el dueño de casa.  Gustavo fue un apasionado de la cerveza y coleccionista de latitas desde joven, hasta que montó como emprendimiento familiar esta cervecería que honra su raíz inmigrante, con cocina alemana tradicional en formato picadas frías y calientes y una propuesta de cervezas lo suficientemente amplia. Hoy cuenta con 140 marcas entre nacionales e importadas, artesanales e industriales, embotelladas y tiradas para entrenar paladares en los estilos y variedades y donde, por norma, a excepción de alguna bebida no alcohólica para algunos pocos casos, no sirven otros brebajes. Este solar es, aparte, una pieza viviente de mediados del 1700, donde solo constaban cuatro viviendas en toda la manzana y la planta baja de esta casa era una de las originales de la época. Todavía se encuentran buscando un viejo túnel de la ciudad que saben por relatos de antiguos moradores estaría allí escondido. Unter (para abreviar nombre difícil), es casi un museo en sí mismo, con cientos de piezas de colección cervecera que tanto su dueño como muchos fanáticos, entre ellos miembros de asociaciones cerveceras que se dan habitualmente encuentro en esta esquina, aportan de los muchos viajes especializados por el mundo. Vasos, jarras, carteles, cajones, posavasos e infinidad de objetos decoran paredes y techos en un verdadero lugar dedicado a la cerveza.

Por la misma calle a una corta distancia de Unter el gastro tour de junio nos dejó en la puerta de uno de los patios cerveceros icónicos de esta nueva movida en el barrio. Bierlife es una antigua vivienda que deja ver el interior de las típicas casas chorizo de San Telmo y que estaba destinada a tener un futuro ligado a la cerveza; en el pasado supo ser una casa de carteras cuyo dueño llevaba por apellido “Beer”. El mentor de Bierlife es Martin Boan, sommelier de cervezas y experto en la materia por donde se lo mire, jurado y organizador de concursos, también fundador del Centro de Cata de Cerveza que funciona en este mismo lugar. Bierlife, aun en una corta vida por el barrio, tiene fieles seguidores y su propuesta acompaña el marcado crecimiento de la cerveza artesanal en el mapa del país, de la ciudad y de San Telmo, un segmento que en el 2016 creció en un notable 40% frente a la oportunidad de llegar a consumidores curiosos, que buscan probar nuevas cosas y de mejor calidad, explica Martin. El bar ofrece más de 40 opciones de cerveza artesanal tirada y una cocina que acompaña el paladar, apoyada también en la cerveza como materia prima gastronómica.

La tercera parada nos llevó frente al mercado del barrio, un pequeño lugar que no es bar ni patio cervecero, pero cuenta con una novedosa propuesta gastronómica de carnes autóctonas argentinas que marida con una selección de cervezas tiradas artesanales. La pizarra alterna entre carnes que para muchos son curiosidades, como la llama o yacaré, pero la nueva carta promete incorporar en breve vizcachas, ranas y caracoles, un porfolio de selecciones no convencionales en un formato adaptado a la comida callejera, cuenta Mariana Hernández, una de sus dueñas, tributo al espíritu de Los Infernales que nace como gastronomía en food trucks que pueden verse en varias ferias y eventos. Poca formalidad, acogedor ambiente y mucho sabor.

Las tres paradas, bien diferentes en sus propuestas, son una mera muestra de un abanico de microcervecerias urbanas que alimentan el sostenido avance del mapa local. Solamente en las cuadras del casco antiguo porteño se instalan unos veinte establecimientos ligados a este culto, y van por más.

Por Carina Valicati