La segunda edición de los gastro tours en el año especial de Buenos Aires Capital Iberoamericana de la Cultura Gastronómica tuvo un recorrido con maestros de la cocteleria para despuntar una tarde de sábado que culmino en una hermosa noche de verano porteño.

Para algunos la cocteleria está de moda, para otros vive un momento de pleno redescubrimiento. No es reciente su instalación entre los temas en boga y veteranos hacedores de mezclas espirituosas supieron rendir honor a este oficio durante su época dorada. Los años 50’ y 60’ fueron particularmente gloriosos para las barras porteñas que lograron estar al nivel de las mejores del mundo. Por aquellos años se bebían brebajes más fuertes y se orientaban en general  a una clientela mayormente masculina. Hoy, ese estilo de bares sobrevive en algunos rincones de la ciudad y conviven con la cara más moderna de barras que diseñan cocteles de autor y re instalan la costumbre de volver descubrir el vermut o los clásicos de siempre para las nuevas generaciones.

Mucho de los espacios que hoy conforman la red de bares notables de la ciudad fueron barras esplendorosas, conservando aun todo ese encanto como en los orígenes. El bar del Claridge Hotel es uno de esos clásicos de antaño, con sus maravillosos vitrales y gran cantidad de madera recubriendo el enorme salón. Su barra, hoy en una larga línea recta de mármol, supo estar diseñada en semicírculos para que el barman fuera el centro de acción y pudiera atender a los clientes varoniles a su alrededor. A pocos pasos de allí, con un recorrido a pie por la tradicional peatonal Florida, se llega a otro celebre y discreto espacio, el bar del Hotel Plaza, intacto, con sus paredes forradas en roble blanco que invitan a tener un solo foco de atención, la barra. Tal como en 1909 elaboran tradicionales cocteles a la perfección utilizando toda la cristalería y utensilios de los comienzos. Es un célebre viaje en el tiempo, y como si poco fuera, conserva personal bien entrenado con más de 20 o 30 años en el oficio, algo poco común de ver en los tiempos actuales.

Ambos bares fueron parte de este recorrido para deleitar el paladar con sus joyas bien guardadas, el trago Mar del Plata, creado por Enzo Antonetti en el Hotel Claridge con el que ganó el Campeonato Mundial de Barmen en Edimburgo allá por 1964, y el trago que rinde honor a la casa, Hotel Plaza, con la potencia y elegancia que le dio José Pepe Bueno, su inventor.

En el camino revivimos una línea de tiempo que recordó viejas esquinas como la Pava de Cobre (Copper Kettle) en Florida y Lavalle, el emblemático Jockey Club y la Richmond, la elegancia de las tiendas Harrods con su impronta siempre gourmet como única sucursal que abrió fuera de Reino Unido, el bar notable Florida Garden y el lujoso Club Cinzano, una de las barras más esplendorosas en su época, que supo funcionar en lo alto de la esquina de Paraguay y Florida.

La guiada fue a la altura de las circunstancias, con el especialista de culto o simplemente cantinero, como prefiere llamarse Fede Cuco, que transmitió con fervor el valor del oficio de bartender, los orígenes de la cocteleria en Buenos Aires, el aporte de sus primeros hacedores como Pichin Policastro y el revival de antiguos tragos con bebidas bien locales como el Ferrocarril.

s del barrio, como la barbería La Época, a poco menos de 50 metros de allí. Este espacio es un museo viviente, repleto de miniaturas y objetos en una de las más completas colecciones del mundo para  peluqueros y barberos. Mientras el oficio reivindica su época de gloria en un nuevo espacio porteño a los barber shops, se puede observar las tareas artesanas con cafecito en mano en las pequeñas mesitas de mármol de su bar.

Por Carina Valicati

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