Con una historia añosa como uno de los barrios más antiguos porteño, atesora esquinas y callecitas adoquinadas entre viejas fachadas que sobreviven en el casco histórico de la ciudad. San Telmo fue barrio de colonos, de inmigrantes, de malevos, también de artistas y turistas. Su mezcla ecléctica es el carácter propio de un lugar que fue transformándose en cada etapa del desarrollo urbano y que combina esa extraña mezcla de pasado y de presente, de lo vintage y lo actual, de lo local y lo foráneo.

La antigua estructura edilicia concebida por el Arq. Buschiazzo en 1897 como en mercados del viejo continente ostenta un estilo elegante, que se destaca especialmente en el epicentro donde se aprecia la mezcla del hierro con chapas y vidrios o pisos de mármol. Con solo mirar hacia arriba el tragaluz es un verdadero ejemplo de una obra de envergadura, declarada monumento histórico nacional.

El mercado, el corazón del corredor turístico por excelencia al que se accede por 4 calles de la misma manzana, es el reflejo más preciso de este excentricismo, donde convive la nostalgia de los objetos de antaño en los locales de anticuaristas y coleccionistas, con los variados colores en fila de las frutas, las verduras, las especias y las carnes; eclecticismo puro. A ese surtido panorama se sumó un nuevo restyling del mercado, producto de la demanda de locales y extranjeros con ganas de sentarse a comer en sus pasillos. Devenido en tiempos de cambios, el mercado mutó su fisonomía con los años, sobreviviendo unos pocos comerciantes de alimentos a las costumbres de compra urbana. Hoy reluce con la oportunidad de revancha junto a locales gastronómicos modernos y diversos, como la hamburguesería, la patisserie francesa o la tienda de café, esto último amerita un capítulo aparte.

Producto de la pasión de Analia y José, surge en el barrio la primera escuela de café, para iniciar a interesados en la cultura de este mundo apasionante. Catadores, baristas y tostadores se dedican al estudio de los granos y como portadores de una nueva filosofía en esta bebida dan origen a la primera tienda de cafés de especialidades del mundo en Buenos Aires. Así nace Coffee Town como un pequeño quiosquito o reducto de café en el centro del mercado, que con éxito casi asegurado boca a boca por el trabajo preciso y la excelencia en selección de las materias primas lo lleva a expandirse casi a la totalidad del pasillo que sale a la calle Carlos Calvo. Con la incorporación de los jugos, las tartas y la pastelería fue extendiendo las mesas, casi siempre llenas. Pero lo que destaca curiosamente es la maquinaria propia del tostado de café, encargada de aromatizar y seducir con el aroma de diferentes orígenes al que pase de cerca. Casi con efecto embriagador el café convoca a los fanáticos de la bebida e inicia en la cultura cafetera a todos los que se dejan alentar.

El barrio se completa con un sinfín de propuestas que rodean al mercado y a la emblemática Plaza Dorrego, que supo ser con otros nombres predecesora del mercado en sus orígenes. Desde parrillas gourmet que aseguran la selección de cortes vacunos especiales, hasta locales que se especializan en cervezas, pizzerías y el revival de alguna vieja pulpería o un puñado de locales que embanderan con orgullo el estado de cafés notables, es un conjunto que ubica a San Telmo como polo turístico y gastronómico de la ciudad. Todo ello puesto en valor en uno de los recorridos elegidos para los gastro tour porteños en el año de Buenos Aires, Capital Iberoamericana de la Cultura Gastronómica.

Por Carina Valicati