La capitalidad de Buenos Aires comenzó su programa anual de actividades con el ciclo mensual de gastro tours. La primera edición tuvo lugar en el Mercado del Progreso, un clásico de Caballito, y fue acompañado por el periodista gastronómico Luis Lahitte, un experto en la materia.

El mercado data de 1889 y emula el tradicional estilo arquitectónico europeo para los mercados barriales. Sus techos altos y abovedados permiten la buena circulación de aire para mantener las mejores condiciones naturales de temperatura.

Este emprendimiento comercial está en manos de sus hacedores, trabajadores que en muchos casos alcanzan hasta cuatro generaciones y conservan con orgullo un oficio de legado familiar. A las ventas por rubros exclusivos en cada uno de sus puestos (de acuerdo al estatuto original que no permite modificarlos – el que vende verdura, fruta, carne, aves o pescados, fiambres o panadería – cada cual se dedica a lo propio) se agrega la excelencia de la materia prima, de primerísima calidad, que se exhibe como juguetería en perfecto orden, tamaño y color. Muchos ofrecen curiosas elaboraciones artesanales, como la Cracovia, un embutido a base de cerdo ajo y otros secretos; las albóndigas de conejo; la tapa de nalga condimentada con finas hierbas y Cinzano; las achuras seleccionados de Nucho – el rey de la molleja – o las riquísimas empanadas de Jorge, con carne y uvas pasas, el vendedor más antiguo del mercado que lleva nada menos que 68 años de su vida laboriosamente dedicados al oficio.

A la vida del mercado se acoplan otras curiosidades del barrio, como la barbería La Época, a poco menos de 50 metros de allí. Este espacio es un museo viviente, repleto de miniaturas y objetos en una de las más completas colecciones del mundo para  peluqueros y barberos. Mientras el oficio reivindica su época de gloria en un nuevo espacio porteño a los barber shops, se puede observar las tareas artesanas con cafecito en mano en las pequeñas mesitas de mármol de su bar.

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